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Monday, March 21, 2016

Una librería particular

Fue para el año 1999 que pisé por vez primera Nueva York, nunca habia estado en la Gran Manzana porque mis padresno eran  aventureros y  para ellos viajar no era una prioridad. Ese viaje lo hice con mi media naranja, a quien le debo, entre muchas cosas, el haberme llevado a España y a Nueva York, lugares que ella ya ha vivido y disfrutado a plenitud; un viaje sin ella no es igual porque ella es la chispa de mis aventuras.

Habíamos cruzado, caminando, el puente de Brooklyn en dirección a South Street Seaport. Fue una caminata no comun con recuerdos con gente muy especial. En un momento dado nos percatamos de un lugar no ordinario en un sitio detras de Pace University. Era una puerta que conducía a un sitio "sagrado". No puedo negar que me impresionaron las mesas y anaqueles de metal en un edificio clásico. Los libros de arte e historia eran innumerables e interesantes, habían más libros de otros temas pero estos cautivaron mi alcance visual. Para esa fecha no alardeaba delector ni  me tomé fotos posando mientras hacía el aguaje de hojear un libro; el que lo hace sufre de un trastorno narcisista o es un seudo-intelectual. No nos detuvimos mucho tiempo porque nuestra compañia no era la muy versada en libros o no prestaban interes en estos recintos. Me dije que volvería alguna vez y siempre cumplo mi promesa.

Pasaron muchos años para que volviera a visitar esa librería. Ahora su localizacion  es distinta; cerca de Union Square. Su majestuosidad y magia no se ha perdido. Los mismos anaqueles de metal en estan dispersados por sus todos los niveles. La entrada en su actual localizacion no puede ser mejor, a pasos de Soho y de NYU. Es el reino perfecto, donde encuentro los libros que deseo y donde "nerdos" declaran su amor a su media naranja, ya sea de carne y hueso o de papel. No señores, esta librería es distinta. Tiene su encanto único que sólo Nueva York le puede dar; yo evito las tiendas como Barnes and Noble y otras grandes cadenas al estilo de "You Got Mail" donde el interés no es alimentar la mente sino enriquecer a un capitalista. 

Strand va a cumplir 90 años de establecida. Su local en el distrito financiero no existe. Actualmente se encuentra en 828 Browdway; aun conserva su largas filas (18 millas de libros) de anaqueles con libros de toda variedad en un edificio de 3 niveles. Alrededor de 2.5 millones de libros entran y salen de la libreria más histórica de Nueva York y que ha resistido los golpes de empresas como Amazon. Strand es el paraíso. En Strand puedo pasar horas muertas leyendo sobre un tema y no tengo al dependiente preguntándome si voy a comprar el libro como me pasó en Buenos Aires. Strand es mi refugio al igual que lo es para otros ávidos lectores. Strand es el refugio de las almas perdidas como la mía. 

Thursday, January 14, 2016

Un deja vu en bicicleta

Todo aquel que me conoce, sabe de mi fascinación.    por el mundo de las bicicletas. Tanto es así que adquirí una tan pronto pisamos suelo en Filadelfia. Los viajes que dí con ella por la Ciudad del Amor Fraternal me llevaron a recorrer montes, quebradas y lugares distantes casi llegando a Valley Forge. Al mudarnos a Nueva York no iba a ser diferente. Recorrí un pueblo conocido como Twin Lights en Nueva Jersey, Queens casi en su totalidad y toda la costa Oeste de Manhattan. Aún me falta por recorrer el Hudson hasta Bear Mountain.

A veces, cuando corro la bicicleta pienso que nada me pasará; que soy invencible. A pesar de que estoy pendiente del tráfico y de los peatones, no pienso que alguien podrá golpearme o lastimarme. La bicicleta da una sensación de libertad y velocidad sin igual, a veces hasta de poder. Todo aquel que ha experimentado esta sensación sabe que la vida se mira con un prisma distinto. La ciudades y parajes naturales se aprecian de una forma peculiar que no se obtiene caminando o en coche. El domingo hice uno de mis recorridos predilectos y cercano a mi área residencial. No obstante, fue un día que concluyó mal.  Nadie me lastimó, pero salí maltrecho.

El pronóstico del día era lluvia a partir de las cuatro de la tarde. Le dije a Puri que correría bicicleta mientras hacía buen tiempo y haría un scope. A pesar de la renuencia y oposición de ella, mi testarudez pudo más  Estaba sobre-confiado. Comencé a correr por toda la Northern Boulevard hasta Oakland Lake para ver los cisnes y los patos nadar plácidamente en un estanque creado por el ser humano. Ahí comenzó mi scope. Los corazones y comentarios de mis seguidores no se hicieron esperar. Me sentía contento de poder compartir de esta experiencia urbana. Inmediatamente, mientras transmitía en vivo por todo Little Bay Park veía los nubarrones a lo lejos que tocaban tierra en Kings Point. Ya en Fort Totem, un area militar de la Guerra Civil y las dos Guerras Mundiales que ahora sirve de base para el Departamento de Bomberos y la Policía de Nueva York, continuaba con la trasmisión en vivo. No había pasado ni quince minutos de mi trasmisión, con los edificios preciosos en esta área como escenario, cuando avisté a lo lejos que el diluvio se movía rápidamente a mi dirección. A pesar de que comencé a pedalear como participante del Tour de France, la lluvia me arropó y castigaba despiadadamente dentro de esta área. Con todo y lo fuerte que era este aguacero, me dirigí a Bayside Marina para resguardarme bajo el puente peatonal.  Este refugio temporal no sirvió su propósito, las gotas caían a través de las rendijas de las tablas. Al ver que este "refugio" no sirvió su propósito, decidí apresurar mi paso para poder llegar pronto al apartamento y  cambiarme de ropa.  Hice un recorrido de 12 millas en 20 minutos y no veía compasión  alguna por parte del cielo. Los golpes de las gotas gruesas del agua hacían que cubriera un area mayor de mi cuerpo. Estaba completamente empapado y casi no podía ver porque mis gafas estaban empañadas del frío y el agua corría por mis ojos. Al estar cerca y frenar sentí como mi bicicleta se deslizaba para el lado. Había obviado, con la ansiedad de llegar pronto, que los frenos estaban mojados y que no podía frenar de golpe. Esta fue la primera señal de que tenía que tener cuidado y la obvié. Un error de principiante que no debí de cometer.

Al estar cerca del garaje, donde guardo la bicicleta, e ir viajando a menos de 10 millas, volví a frenar nuevamente para disminuir la velocidad y cometí el mismo error, pero más grave; frené con la goma delantera. La visión se tornó en una un filme en cámara lenta. Sentí como mi cuerpo se elevaba y mis manos inertes estaban amarradas al manubrio de la bicicleta mientras mi boca abierta daba un beso francés con mis dientes al pavimento. No puedo precisar si todo esto ocurrió en fracción de segundos o fueron minutos largos. Para mí fue una eternidad. La bicicleta me golpeó dos veces en la espalda como castigo por haber sido descuidado y cayó al lado como si fueran otro cuerpo. Mi cerebro con una inyección de adrenalina empujó mi mano a la barbilla para palpar algún tipo de cortada que conllevara sutura; ya mi cerebro sabía que no tenía tres dientes. Me preocupaba la barbilla, me palpé varias veces para cerciorarme que no sangraba. Mi guante no mostraba liquido rojo alguno. Increíblemente, me incorporé y abrí la puerta del garaje para poner la bicicleta en su sitio e ir al apartamento para  poder desplomarme por el dolor, no físico, espiritual por no haber escuchado aquellas palabras que sonaban a lo lejos: es una locura salir con el tiempo que viene. Debo admitir que esta caída me desvistió del positivismo y cambio que buscaba en el 2016: este año va a ser bueno. No niego que lloré pero no fue por el dolor, porque lo toleraba. Esta caída destapó un esqueleto del 1975 que jamás pensaba revivir. Mi caída no solo había puesto mi orgullo maltrecho, desempolvó un recuerdo olvidado de cuando me rompí un diente el número diez (en el argot de la ortodoncia). Un esqueleto que es difícil de borrar y que el tiempo no ha convertido en polvo. Un esqueleto que sigue ahí y volvió a surgir. Un esqueleto que espero poder enterrar de por vida cuando me pongan el implante y las tres coronas. Un esqueleto al que pueda silenciar y no volver a escuchar con sus aterradoras palabras que me atormentaron por una semana en el 1975.

Pueden ver mis vídeos en katch.me/licjaimearturo. 

Sunday, December 13, 2015

Periscopeando en la Gran Manzana

La noche del viernes pasado fue genial y estupenda. No había llegado aun al trabajo y ya estaba deseando que fueran las 6:30 de la tarde para una jornada nocturna fenomenal; era como un crío en una tienda de juguete. No me importaba lo que pasara en el trabajo, la noche iba a ser fabulosa y así lo fue. 

Había quedado con Puri y unas amistades, Karlo y Joanne, para filmar en vivo el espectáculo de luces de Saks Fifth Avenue y las vitrinas que engalanan a las tiendas de la 5ta Avenida. Desde que salí de mi centro de trabajo comencé a transmitir en vivo a través de Periscope, una aplicación que está amarrada a Twitter y en donde cualquier persona puede experimentar, a través de los ojos del que transmite, sus experiencia en cualquier otra parte del mundo. Al encontrarme con Karlo, él también comenzó a transmitir. Una vez Puri y Joanne se nos unieron, la transmisión ya era entre 4 personas con diferentes puntos de vista e interés. De repente amistades de Puerto Rico se conectaron y participaron con nosotros de lo fabuloso que fue esa noche.   

Solo puedo decir que hacía tiempo no nos amanecíamos y andábamos por las calles de la gran ciudad de Nueva York a altas horas de la noche. Fue increíble poder hablar con gente de Argentina, Colombia y de otras parte del mundo, así como lograr que personas en la calle participaran con uno de una transmisión en vivo, parecíamos reporteros logrando que otros disfrutaran del esplendor navideño de Nueva York.

Definitivamente, Periscope es una aplicación que llegó para quedarse y estaremos haciendo uso de ella con mayor frecuencia. Probablemente yo estaré transmitiendo de vez en cuando durante el día en mi hora de almuerzo en Nueva York para que la gente vea la vida de los que trabajamos en la Gran Ciudad y lo que hacemos en nuestro tiempo libre.

Saturday, July 25, 2015

Bicicletada, otra actvidad fuera de mi rutina por Nueva York (Parte II)

En Nueva York es otro cantar. Aquí comencé a experimentar lo que es correrla a lo largo de las áreas urbanas y de usarla más para hacer diligencias, emulando a mi querido abuelo José que era un ciclista de madre. Una de mis rutas favoritas y bastante corta es por el área del Little Bay Trail. Es una ruta de aproximadamente 2.5 millas. Luego de haberla recorrido en varias ocasiones y por el Fort Totem, comencé a explorar otras áreas tales como mi recorrido por Douglaston. Cuando llego a Douglaston, siempre digo que puedo llegar a Great Neck y Kings Point pero la cuesta es demasiado empinada y mis rodillas resienten mucho esa subida, aunque he subido otras con mayor impulso.

Para septiembre del año pasado una amiga y yo nos fuimos a correr las 33 millas del Twin Light City en Nueva Jersey. Fue una pena que no tuviera mi GoPro para ese tiempo porque los paisajes de esa ciudad eran hermosos. 


En abril de este año, luego del invierno, tracé una ruta bastante retante: Manhattan. Mi ruta iba a ser la siguiente: salir de Penn Station en la 34 y Séptima Avenida hasta la Novena Avenida. Una vez en la Novena, recorrerla hasta la Calle Hudson y de ahí a Bleecker para llegar al Greenwich Village. Una vez en el Village, cruzar Chinatown cerca del Manhattan Bridge y meterme por todo el área de City Hall para cruzar el Puente de Brooklyn (ida y vuelta) y en el regreso a Manhattan, dirigirme a Battery Park para subir hasta el Puente de Washington por toda la ribera del Río Hudson. El regreso iba a ser cruzando de Oeste a Este Central Park para ir a la Segunda Avenida y subir hasta la 34 para llegar a Penn Station y poder regresar a casa en tren. Todo este trayecto duró alrededor de 6 horas porque me estuve deteniendo para tomar fotos. Les incluyo el enlace de mi bicicletada por el Puente de Brooklyn https://www.youtube.com/watch?v=bzQlUA7UoaQ.  Algunas de las fotos de este viaje se encuentran en mi cuenta de Instagram.

Un mes más tarde decidí, y contando con una aplicación que guarda mis recorridos y alturas, conocer el parque de Queens donde se presentó la Feria Mundial del 1964. Para llegar a él era meterme por parte de la Northern Boulevard y luego por areas residenciales en donde hay carriles exclusivos de bicicleta que me conducirían a Kissena Park.  Como aún estábamos en primavera el recorrido por este parque me permitió deleita mis sentidos con aromas de flores provenientes de los arboles.  Una vez en el parque de Queens la experiencia de ver tanta gente fue única, ni Central Park está tan lleno en este espacio pasivo urbano. El regreso a casa no fue el mas bello visualmente, pero me permitió recorrer parte de Queens que a lo mejor no vería si fuera en carro. Les incluyo otra muestra en vídeo de la maravilla de este parque en el corazón de Queens y donde se encuentra cerca el estadio de los Mets. https://www.youtube.com/watch?v=BkQuBOIoOBs.

Hace exactamente una semana crucé varios barrios de Queens hasta llegar al Puente Queensborough también conocido como Ed Koch. Recorrí un total de 25 millas y las fotos que tomé fueron espectaculares; las pueden encontrar en mi cuenta de Instagram (jaimearturoesq). No quise llegar hasta Manhattan porque ya no tenía suficiente agua para el regreso, conociéndome, no iba a detenerme en ningún sitio para comprarla. Si hubiera llegado a Manhattan, mi ruta habría sido llegar hasta el Spanish Harlem para recorrerlo. 

Con todo lo agotador que es renada peligrosa pero que me ha permitido, hasta el momento, recorrer calles, lugares y tomar fotos que considero especiales. Ahora tengo como capricho hacer el recorrido de un estado a otro, solo necesito un fiel compañera o compañero que se atreva a este reto y llegar ya sea a Pennsylvania o Connecticcut. He escuchado que los paisajes son únicos.