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Thursday, July 5, 2018

Los Cafres, una experiencia única y especial

Todo empezó a las 15 horas del 3 de julio cuando decidí dirigirme al Fillmore para conocer a la hora que llegaba los miembros de la banda Los Cafres. A pesar de todos los intentos de comunicarme con ellos por las redes sociales, no había tenido resultado alguno. Esa misma tarde, mientras estaba en la piscina tratando de cambiar el color de mi piel pálida, estaba leyendo el libro Siren Song escrito por Seymour Stein. En ese libro, y a pesar de que ya lo sabía, Seymour relata la historia de su mentor, Syd Nathan, que lograba lo que quería con su labia. 


A esos efectos, elimine el poco pudor y vergüenza que tenía y me lancé a los lobos. Al llegar al Fillmore ví a un chico esperando y el equipo de música bajando de las camionetas. De inmediato le pregunté al muchacho y me dijo que era el chófer de la camioneta que transportaba el equipo y que el manager iba a llegar en cualquier momento. El cualquier momento se tornó tres horas, aunque nunca lo conocí sino a las 22 horas.

A las 18 horas hablé con uno de los que dirigen al grupo presentándome y pidiéndole un pase de prensa. Su pregunta inmediata fue para quién trabajaba. Mi respuesta: para nadie, para mí y mi podcast. De inmediato la autorización para el pase de prensa no se hizo esperar. Estaba con el en mano y dentro del Fillmore estudiando el terreno de batalla y hablando con uno de seguridad sobre guitarras y música. Lo único malo de este pase de prensa es que era válido para tres canciones, algo que yo nunca he escuchado.  Es decir, estaba en la fosa sacando canciones por el tiempo que duraran tres canciones, luego de eso salia para el público y a buscar un espacio para fotografiar, algo imposible.


El concierto comenzó con un deejay tocando música latina de todo tipo para ambientar a la audiencia, les aseguro que nadie le hizo caso al muchacho; paso inadvertido porque nadie le prestaba atención ni bailaba su música. Siempre he dicho que lo peor que se le puede hace a cualquier persona envuelto en la música es el no prestarle la atención que requiere. Como me dijo el de seguridad: Men come out here to get laid, and women come out here to be themselves.  En verdad que tenía mucha razón, había muchos hombres solos y más las mújeres que no le hacían caso.

A pesar de que ellos habían tocado en Nueva York hace dos días, el chófer de la banda, antes de obtener el pase de prensa, me aseguró que tenía que estar listo para una sobredósis de música. Definitivamente estaba en lo correcto. La sobredósis fue letal, porque no estaba preparado para lo que iba a presenciar.

A las 20:30 Gilberto Bonetto dirigía a todos sus compañeros al escenario. Las luces azules y rojas fueron la iluminación de este espectáculo que anunciaba la pura energía que se iba a emitir esa noche. Esto era el preámbulo de los fuegos artificiales que iban a iluminar los cielos de Silver Spring el 4 de julio.

Puedo decirles del saque, que este concierto fue uno de los mejores conciertos que he estado en el Fillmore. Gilberto bailó, corrió de un lado a otro del escenario, brincando, cantando y entusiasmando al público para que cantaran con él el coro de las canciones más famosas de la agrupación. Ningún instrumento silenciaba al otro. Los metales se escuchaban prístinamente al igual que el teclado, la batería, el bajo y las guitarras. Al escuchar los primeros acordes de las guitarras sabía que no me iba a arrenpentir de haber estado tanto tiempo afuera para poder platicar y obtener un pase de prensa. Quiero aclarar que yo había pagado mi billete de entrada, así que no fue de gratis. Gilberto tomó muy poco descanso entre canción y canción. Cuando lo hacía era para hablar con el público en inglés o en español y animando a la gente a seguir disfrutando de la noche. En verdad que este concierto, víspera del 4 de julio, fue un acontecimiento explosivo.

Los Cafres interpretaron un total de 19 canciones empezando con El Silencio y luego cantaron muchos de sus éxitos como Imposible, Llanura/Flor del Pot, El Angel, Dale, Puedo, Misterio y concluyeron con Aire, Tus Ojos, Si el Amor, Casi Q y Receta. Ninguna canción dejó de enganchar al público. Todo el mundo estaba bailando y disfrutando amenamente de la velada caribeña con sabor argentino.

Mi highlight de la noche, además de haber pagado por escucharlos a ellos y disfrutar en vivo de su espectáculo, fue cuando José -el que me otorgó el pase de prensa- me buscó y me dijo que lo siguiera. Al seguirlo, mi paseo fue por detrás del escenario y me dijo, con su acento argentino, que el plateau era mío y que me colocara donde yo quisiera. Jamás en mi vida imaginé este momento. Son pocos los que pueden disfrutar de este privilegio y honor de tomar fotos desde el mismo escenario donde toca la banda en vivo. No les voy a negar que la presión fue mayor pero la interacción de Guillermo conmigo al momento de tomar los visuales fue tranquilizante. Son estos momentos, en conjunto con la música,  que no se borran jamás. Mi despedida de ellos fue especial, intercambiando las fotos que podía en ese momento y compartiendo mis datos con José para futuros encuentros con ellos.

Hubiera deseado seguirlos a Anaheim y otras partes de California para documentar sus experiencias, pero sé que encontrarán otro loco
que pague por su boleto y esté dispuesto a fotografiarlos y entregarle las fotos sin nada a cambio. Estas son las experiencias musicales que no cambio por nada en la vida.


Tuesday, May 8, 2018

De Tierra Caliente es que viene el sabor

Como dije en mi cuenta de Twitter, el 6 de mayo fue a un viaje especial para mí porque iba grabar un episodio con Rafael Pondé, un talentoso músico brasileño del cual hablaré en otra publicación. Se supone que esta publicación lo hubiera escrito ayer, pero las fuerzas y la musa no me llegaban; un proceso muy distinto al que le ocurriría a un intelectual o músico profesional.

Este viaje tenía dos propósitos: hacer la entrevista a Rafael y visitar la primera ciudad que me recibió en el 2012, Filadelfia (la Ciudad del Amor Fraternal). 

Toda la ruta fue por la US-95, la ruta nacional que me llevaría paralelo a la línea del Amtrak. Esta ruta la conocía a la perfección porque la había hecho varias veces en tren y en carro; aunque tenía el GPS puesto por si acaso tenía que desviarme por algún tráfico (el GPS es mi dios cartográfico). Mi emoción comenzó a agitarse cuando pasé el Aeropuerto Internacional de Filadelfia, avisté el skyline, de la ciudad al pasar paralelo a Society Hill y a Penns Landing y tomar la ruta para Girard Avenue en dirección a Fishtown. No me fue difícil encontrar un espacio de estacionamiento en Fishtown, esta área la conocía pero no como la palma de mi mano. Al encontrarme con Rafael en su apartamento y terminar la grabación, él hizo arreglos para conocer a un amigo de él que es músico y es la razón de su permanencia en esta gran ciudad: Bronson Tennis, el gringo como le llama su esposa Caro Canción.

Foto tomada por Bronson Tennis el 5/6/2018
Como no sabía dónde Bronson se encontraba, puse la dirección en el GPS y me cruzó por el Barrio Latino, perdón boricua. Los sonidos de música alta, la gente mecaneando (trabajando en el motor del carro), frituras en la calle, las banderas puertorriqueñas y hasta un mural de Pedro Albizu Campos y de Papo Buda me preparaban para la sorpresa de la tarde. 

Mientras pasábamos por debajo de las vías del SEPTA, yo le decía a Rafael que esta área la conocía. Cuando llegamos a un área boscosa le dije, pero si este parque es Fairmount Park y cerca está la Universidad de Filadelfia. Cuando nos metimos en Lincoln Drive, mi excitación era notable. Toda esta área la había recorrido en bicicleta en un sin número de ocasiones; eran las dos de la tarde cuando llegamos a Mount Airy.

Al llegar a la casa, lo único que me pasaba por la mente, era que iba a tener que hablar inglés y hacer una segunda grabación en ese idioma. Para mi sorpresa me topé una casa de gringos que hablaban español y portugués. De golpe los acentos colombianos inundaban la atmósfera y estaba incrédulo de que un barrio tan prominente en Filadelfia se escuchara tanto este idioma. De inmediato Rafael comenzó a presentarme y los holas y es un gusto llovían por todos lados. Estaba en mi estanque favorito, era feliz porque esta bofetada latina me auguraba una velada vespertina fabulosa, y no me equivoqué. Me sentí en casa como Vicente.

El dueño/anfitrión de la casa se encontraba en la azotea (roof deck) charlando con otros invitados. Al bajar de ella, nuestra conversación fue una combustión espontánea. Bronson y yo hablábamos en inglés y él me empieza a hablar del Gran Combo, Ismael Rivera y la Fania -por mencionar unos pocos- y en ese momento le dije, un momento tenemos que grabar esto, fue en ese momento que Bronson me demostró que el tenía la sazón caribeña y que conocía más de la escuela vieja de la Salsa que yo mismo. Incluso, en un momento de la grabación me soltó el nombre archivado en mi mente de Benny Moré, ahí me despojó de mi escudo protector y estuve a punto de hacerle una reverencia como digno representante de la música caribeña. Pero no todo le pertenece, ha recibido mucha influencia de su gran Caro Canción (su nombre artístico). Ella es una enciclopedia ambulante sobre salsa que le da tres patadas al más ducho de los boricuas y quienes, como equipo bien formado, me despojaron de toda oportunidad de improvisar y poder hacer una grabación extendida; ergo me quedé estupefacto. Las miradas de ellos eran cómplice de una formula mágica que produce el amor entre dos seres humanos y que disfrutan de la música. Si no me cree, debe escuchar al gringo cantando merengue con su acento y como describe la receta de Caro Canción. En cierta forma Rafael me hizo una encerrona (I am not holding any grudge on him, I loved it) que me demostró que uno nunca está cien por ciento preparado para sorpresas como esas, y son las mejores sorpresas del mundo. 

Bronson y Caro son unas personas encantandoras, su hospitalidad fue muy especial para mí y estoy muy agradecido por ella. En esta tarde encantadora en Filadelfia la charla se tornó lo mar de interesante. Hablamos sobre los rumbos tomados por Bronson por la Argentina y Brazil y los encuentros musicales a los cuales se topó. Su curiosidad musical se nota de lleno en sus líricas y en las anécdotas contadas por Caro. Como dice ella, el gringo (como le llama cariñosamente) tiene un oído bien agudo que registra y graba todas las palabra y sonidos para incorporarlos en la lírica , una muestra de eso la notamos en su más reciente producción discográfica. Tienen que comprarlo y escucharlo para entenderlo. Un pista es Caro Canción.

La forma en que este gringo ha traído la música y ritmos latinos a la Filadelfia de Ben Franklin ha tomado al barrio boricua por sorpresa; como si recreara el Boston Tea Party pero en Penns Landing. Evidencia de este asalto musical lo tenemos cuando me relató la forma en que conoció a Edwin "Papo Buda" Rosado. No les voy a contar esta historia porque luego no escuchan el podcast, pero les puedo adelantar que este percusionista terminó siendo miembro de De Tierra Caliente y es genial. El grupo está compuesto por mis anfitriones, Papo Buda (percusión), Steve Cochran (bajo y voces) y Eubie Nieves (flauta).

Al Bronson decirme que el primer disco de la banda era Nadie es Profeta, de inmediato fui a comprarlo en iTunes.

El disco tiene diez canciones y les auguro que desde que comience a escuchar El Sonido (la primera canción) el enganche va a ser de inmediato. Va a encontrar el sonido latino por todas partes y no podrá zafarse de él, como hechizo de un aprendiz de brujo en la casa del trompo. Va a mover el esqueleto en donde esté, como yo hice en pleno tren. Ya entenderá cuando lo escuche e internalice que  ellos hacen una nueva canción con un ritmo que se explota como lo que los Pop Stars tienen. El recorrido de música en este nuevo disco le va a dejar con más ganas de escuchar más de ellos. La percusión de Papo Buda, la guitarra de Bronson, las voces de Caro, el bajo de Steve y la flauta de Eubie se escuchan de forma limpia y sin granulación, como la fotografía de una Morenita tan bonita que lleva en su cartera y que le inspira a escribir un canción para esa chica que usted ama.


Ya habiendo escuchado el primer disco de ellos, me di a la tarea de escuchar Traigo Alegría antes de escribir este blog y luego de escucharlo 3 veces, la penúltima fue anoche y esta mañana mientras escribía este blog lo cual ya son cinco veces escuchado (pero quién está contando). Nuevamente, es un disco lleno de sabores latinos como si estuviera debajo de un palo de mango al bajar de Bogotá e irse a Cartagena para comenzar a volar rítmicamente. Vemos como Philly, Brazil, Colombia y Puerto Rico se conjugan en un solo sonido. La salsa, samba, el jazz, la rumba y el ritmo afro-caribeño de este grupo es increíble porque trae ese lenguaje pícaro de nuestra cultura que se había perdido y que ciertos géneros deberían de adoptar para poder regenerarse y dejar la mediocridad sonora de líricas violentas y sexistas. Les debo admitir que hacía tiempo que no escuchaba una lírica latina tan limpia y una salsa clásica. La conspiración de esta banda ha logrado un resultado jugoso y sabroso. Este disco celebra la vida con Traigo Alegría y nuevamente nos deja con ganas de escuchar más. Si fuera a darle una crítica negativa sería que me han dejado con un hambre de escuchar más de esta banda en donde su ritmo ha roto con todas las fronteras geográficas y de querer vivir en Filadelfia para convertirme en su groupie

Y si usted cree que un gringo no puede ser Taíno,  lamento decirle que se ha equivocado. Este grupo taíno, arahuaco, amazónico y de payador adoptado por Argentina nos van a dejar con ganas de saborear más de su música picante, como es nuestra sazón. Para mí, ambos discos son un aperitivo y esperaré con ansias locas el plato principal. Así que fasten your seatbelts baby (lírica de Pop Stars) porque la mezcla de lenguas y ritmos en esta música lo va a dejar con ganas de escuchar más de De Tierra Caliente y de sacar la polilla de su cuerpo y moverse al ritmo afro-latino que esta banda de la Ciudad del Amor Fraternal le ofrece. Recuerde que escoba nueva barre bien para que recoja la polilla y que debe escucharlo con agua sin hielo, pero con limón.